Hoy me voy a dedicar a hablar de una serie de eventos desafortunados que sufrí ayer. En realidad mi vida se basa en una cadena de malas rachas, pero no es momento de hablar de eso.
Ayer, como todos los días fui a la facultad (que sea verde y sicario no quiere decir que no estudie). Lo singular de ese día es que me dirigí como de costumbre a la parada de colectivos para llegar a casa a tiempo.
En ese momento vi una chorrada de gente en la parada, había un grupo de 20 fastidiosos mortales esperando Mí colectivo. Para colmo, tropezé en el cordón por lo que todos se rieron de mí…
Una vez que ya había conseguido un lugar en el bondi, tuve una sensación de irritación. Sí una de esas putas sensaciones. Poco después descubrí a qué se debía: un hombre se subía a mí colectivo, un hombre conocido…
Sin pagar el boleto, comenzó a hablar… inmediatamente reconocí sus intenciones. Ese hombre pedía dinero para la leche de su supuesta hija prematura. En ese preciado intante pensé irónicamente: “Qué hombre desafortunado, su hija nació prematura dos veces”. Leyeron bien, dos veces.
No soy un experto en medicina pero que una niña prematura siga necesitando esa misma leche especial luego de 7 meses es algo sospechoso ¿no?
Es el mismo hombre que ha estado frecuentando el colectivo desde que empecé a cursar. Y no tiene ánimo de cambiar. Él sigue con su cara de hombre golpeado, con su sonrisa trágica con su indisposición a hacer otra labor. Todo porque una vez (quien sabe si la primera vez fue cierto) tuvo una hija prematura... pero pronto tal vez se convertirá en una nieta prematura.
Pero así son ellos, los actores ambulantes… se han metido tanto en su papel de marginados que hasta ellos mismos se creen sus propias mentiras. La gente se arrodilla ante la lástima y colabora con ellos…
Y así estamos, nos gusta el circo porque si no hay circo, no vende. Si uno pide las cosas de manera sincera, no gana. Hoy, estoy harto de aquellos actores ambulantes que se han convertido en eternos “carenciados”, harto de la manipulación de cada día… y encima se me mira mal cuando no colaboro. ¡Qué mundo, qué mundo!

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